El Símbolo Perdido

El Símbolo Perdido (The Lost Symbol), es una novela de ficción de Dan Brown protagonizado por el profesor de simbología y de historia del arte, Robert Langdon. El libro fue publicado el 15 de septiembre de 2009 en inglés y el 29 de octubre en español. Durante su primer día de ventas el libro vendió un millón de copias, incluyendo libros electrónicos, en CanadáEstados Unidos y el Reino Unido.

Aunque prevista con anterioridad, Dan Brown ha necesitado seis años para escribirla. El argumento transcurre en un mínimo periodo de tiempo; 12 horas. Transcurriendo en Washington, D.C. y la trama está basada en una conspiración francmasónica.

La edición mundial de la nueva entrega, El símbolo perdido, corresponde a la editorial Random House, que ha anunciado la aparición de 5 millones de ejemplares en su primera edición, la tirada más larga jamás hecha en su historia. En España es la editorial Planeta la responsable de su edición.

Personajes

Robert Langdon: Profesor de simbología de Harvard, ya con 46 años de edad, es convocado en nombre de su mejor amigo y además de su mentor durante su niñez, Peter Solomon, a dictar urgentemente una conferencia en la sala más importante del Capitolio de los Estados Unidos como el orador principal.

Peter Solomon: Mejor amigo y mentor de Robert Langdon en su infancia, su vida se pone en riesgo por conservar el secreto más importante de la masonería y posiblemente del mundo entero. El es el jefe de la logia masónica, y custodio de dicho secreto, el cual fue confiado a su familia desde hace muchas generaciones. Es secuestrado por Mal’akh quien le corta la mano derecha.

Katherine Solomon: Hermana de Peter Solomon, científica e investigadora noética y amiga del profesor Langdon.

Trish Dunt: cientifica ayudante de Katherine solomon en su laboratorio secreto, fué contratada un año atrás en la trama del libro pòr la misma Katherine, es asesinada por Mal’akh cuando este se hizo pasar por el dr. Abaddon en la llamada Nave humeda

Mal’akh: También conocido como el “Recluso 37” en la prisión de Estambul, y como Andros Dareios, que significa “Guerrero Rico”, durante la historia es conocido también como el “Doctor Abaddon”, que se hace pasar por el psiquiatra de Peter Solomon. El significado del nombre viene de la obra de John Milton, “El paraíso perdido” en la que se menciona un ángel caído, el demonio guerrero que combatía a la luz, el ángel llamado “Moloc”. Este personaje mata a la madre de Katherine y Peter, hacia el final de la novela se descubre su verdadera identidad y su relación con la familia Solomon. Esta tatuado en la mayoría del cuero a excepción una parte en la cabeza donde pretende plasmar el símbolo perdido, es musculoso y además esta castrado por voluntad propia

Warren Bellamy: “El Arquitecto”, es un fracmasón de alto rango, máxima autoridad administrativa del Capitolio, edificio construido de acuerdo a estándares y criterios masónicos.

Inoue Sato: Es la jefa y directora de la Oficina de Seguridad de la Agencia Central de Inteligencia (CIA). es de origen Japonés y ((Robert Langdon)) la dsescribe como una aplanadora diminuta con voz de hombre, es firme, estricta y su presencia en el capitolio es intrigante para Robert.

7.- Una Caja de Madera y Oro – Planeta Encantado

Una caja de madera y oro. Nos encontramos en el Monte Sinaí. Yavé le encarga a Moisés la construcción de un arca de madera revestida de oro… Este será sin duda, el objeto sagrado más enigmático, codiciado y mortífero… Un objeto cuya pista se ha perdido… y que, sin embargo, continúa levantando polémica… El arca de la Alianza.
Una historia llena de dudas, leyendas y contradicciones que este nuevo viaje tratará de explicar…

La Mesa de Salomón

Se trata de un tesoro que estuvo guardado en el Templo de Jerusalénhasta el año 70. Se cuenta que la Mesa de Salomón consistía en una tabla en la que el rey inscribió el nombre de Dios con el que se tendría la forma de alcanzar el pleno conocimiento y, con él, el pleno poder.La Mesa fue conocida como el “Espejo de Salomón”. Se cree que estaba hecha de madera y oro con muchas esmeraldas engastadas. Además se decía que tenía 365 patas. No se sabe bien si era una auténtica mesa ya que podría ser solamente una tabla, que por traducción pasó a ser considerada mesa.

Salomón al parecer inscribió en ella el nombre de Dios, es decir, el“Nombre del Poder” o Shem Shemaforash. Este nombre es un tabú que no se debe pronunciar ya que permite al que lo pronuncia poseer el poder de la creación. Es el nombre que utilizó Dios para crear el Universo. Como no podía ser pronunciado, ni tampoco ser escrito, el nombre de Dios no estaba grabado directamente en la mesa sino que estaba oculto a modo de algún tipo de acertijo o jeroglífico que permitía descifrar el “Nombre del Poder” pero sin escribirlo.

Historia de la Mesa:

Jedidías reinó con el nombre de Salomón entre 978 y 931 a. e. c. siendo el tercer rey de Israel sucesor de Saúl y David. Mandó construir el Templo de Jerusalén. Allí guardó la Mesa. La tradición hebrea cuenta numerosas leyendas sobre Salomón, acerca de sus conocimientos y de la predilección que tenía Dios por él. Todo esto le hizo ser considerado uno de los “padres” del conocimiento cabalístico.

A su muerte su reino se dividió en dos, Israel y Judá. Tras su reinado, Israel fue invadido por los Babilonios y el Templo donde se guardaban los tesoros sagrados, incluida la Mesa, fue saqueado. Sin embargo, parece que la Mesa se salvó y no cayó en manos de Nabuconodosor II.

Los sacerdotes del Templo la guardaron hasta que éste fue destruido por los romanos en el año 70. De Jerusalén fue trasladada a Roma con el resto del saqueo y depositada en el Templo de Júpiter.

Cuando Roma fue saqueada por los visigodos, parece ser que se llevaron la Mesa a Toulouse (Languedoc), y de allí finalmente a Toledo(Castilla). La verdad es que no se sabe con certeza su paradero ya que a partir de aquí se perdió toda pista.

Teorías acerca del paradero de la Mesa:

  • La Mesa fue llevada a Medinaceli. Tras la invasión Árabe de la Península Ibérica, la Mesa salió de Toledo hasta Medinaceli. Estas teorías se basan en la etimología del nombre de la ciudad, que podría significar en árabe “Ciudad de Salomón”.
  • La Mesa fue llevada a Jaén (Andalucía). Hay quien dice que está en la Catedral de Jaén.
  • Tariq la encontró en Cumplútum (Alcalá de Henares) y la guardó como tesoro personal.

Fue escondida en Zulema (Castilla) para que no cayese en manos de los árabes. La etimología de Zulema también puede proceder de Salomón.

Blog Oscultismo y Conspiración.

Video de la Mesa de Salomón 1

Video de la Mesa de Salomón 2

Ritos Masónicos y Mormones

Los estudiosos del mormonismo (Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias) y de la francmasonería barajan la existencia de una supuesta relación entre los ritos masónicos y la ceremonia del templo de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si bien hay quienes argumentan que José Smith tomó elementos de la francmasonería para crear la ceremonia del templo, la investidura es más congruente con las Escrituras de los Santos de los Últimos Días (particularmente con los libros de Abraham y Moisés) y con los ritos de la antigüedad, que con la propia francmasonería. Para los Santos de los Últimos Días, las ordenanzas de la casa del Señor constituyen una restauración revelada de la antigua ceremonia del templo, y su relación con la francmasonería es casual. Ni ambas son antitéticas, ni suponen una amenaza la una para la otra. Además, ninguna de las dos instituciones desalienta el estudio de los antiguos orígenes de sus respectivas ceremonias.       

En el mundo antiguo abundaban las ceremonias sagradas. Modificados con el paso del tiempo, estos ritos existieron en alguna de sus variantes entre los antiguos egipcios, los coptos, los cristianos, los israelitas y los masones, así como en las liturgias católica y protestante. Sus elementos más frecuentes comprenden la vestimenta de ropajes especiales, la presencia de un discurso ritualista, la dramatización de arquetipos, la comunicación de instrucciones y el empleo de gestos simbólicos. Un tema común a muchos de ellos (presente en el egipcio Libro de los Muertos, en los textos de las pirámides egipcias y en los círculos coptos de oración, por poner un ejemplo) es el trayecto del hombre por la vida y su intento, tras la muerte, de superar a los centinelas que guardan la entrada a la dicha eterna con los dioses. Aunque estas ceremonias varían sustancialmente, la presencia de importantes puntos comunes nos alerta de la posibilidad de una remota fuente común.

Por ejemplo, los textos de las pirámides egipcias abordan seis temas principales:

1) la existencia de un primigenio texto escrito que da origen a los ritos;

2) la purificación (que incluye la unción, la catarsis o purificación propiamente dicha y la vestimenta de determinadas ropas);

3) la creación (textos de la resurrección y el despertar);

4) el jardín o huerto (con motivos arbóreos y alimentos rituales);

5) el viaje (protección, un barquero y los textos de Osiris); y

6) la ascensión (con la victoria, la coronación, la aceptación en una sociedad celestial y los textos de Horus).

Al igual que en estas antiguas ceremonias, la investidura del templo realiza incursiones alegóricas en estos temas no como la imagen de una realidad inmediata, sino a través de un modelo que establece el patrón de la vida humana en esta tierra y el plan divino del que forma parte.

Las ceremonias masónicas también son alegóricas; muestran estadios de la vida (la juventud, la madurez y la senectud), cada uno con las cargas y los retos que le son propios, a los que siguen la muerte y la tan ansiada inmortalidad. No hay un acuerdo general respecto al nacimiento de la francmasonería. Algunos historiadores remontan el origen de la orden a Salomón, Enoc o incluso Adán, mientras que otros argumentan que si bien el simbolismo masónico puede ser antiguo, como institución surge en la Edad Media o incluso después.

Nauvoo Masonic Hall

Aun cuando en esta dispensación la investidura data de la época de Kirtland y Nauvoo, los Santos de los Últimos Días creen que las ordenanzas del templo son tan antiguas como el hombre y que los principios básicos del Evangelio de Jesucristo, incluidos sus ritos y enseñanzas, le fueron revelados a Adán. Los principios y las ordenanzas de salvación se revelaron posteriormente a Set, Noé, Melquisedec y a todo profeta a quien se confirió el sacerdocio, incluido Pedro. Los Santos de los Últimos Días creen que las ordenanzas efectuadas actualmente en los templos son réplicas de los ritos que formaron parte de las enseñanzas de Dios desde el principio.

El profeta José Smith sugirió que la investidura y la francmasonería compartían la misma fuente. Por eso, algunos masones de Nauvoo creían que la investidura era la restauración de un ritual preservado de modo imperfecto en la francmasonería y consideraban a José Smith como el maestro de los principios subyacentes y del simbolismo alegórico (Correspondencia de Heber C. Kimball con Parley P. Pratt, 17 de junio de 1842, Archivos de la Iglesia). La filosofía y las doctrinas principales de la francmasonería no resultan fundamentalmente incompatibles con las enseñanzas, la teología y las doctrinas de los Santos de los Últimos Días, puesto que ambas resaltan la moralidad, el sacrificio, la consagración y el servicio, y también ambas condenan el egoísmo, el pecado y la codicia. Es más, el objeto del ritual masón es instruir, es decir, brindar la verdad al hombre a fin de que pueda seguirla.

Las semejanzas en ambos rituales se limitan a un pequeño número de acciones y palabras; de hecho, hay quienes encuentran más similitudes entre la investidura y los textos de las pirámides o los documentos coptos, que entre ésta y la francmasonería. Incluso allí donde ambos ritos confluyen en su simbolismo, difieren en la esencia de su significado. Además de los temas de la creación y la vida, ambas ceremonias coinciden en invitar a los participantes a concertar convenios. Sin embargo, sólo la investidura vincula los convenios con bendiciones eternas y con Jesucristo. La ceremonia masónica no resalta el sacerdocio ni la necesidad de estar comisionado por Dios para representarle. La activa participación de Dios en el mundo y en la vida de los hombres es un tema característico del templo. Si bien los masones creen en un Dios indefinido e impersonal, todo elemento de la investidura procede de Él y regresa a Él, un ser real que también es el Padre Eterno del hombre. La investidura centra su atención en las eternidades y la vida eterna, mientras que la francmasonería se ciñe a esta tierra y está impregnada de leyendas humanas y de la esperanza de un mundo mejor.

La francmasonería es una sociedad fraternal y en su ritual toda promesa, juramento y acuerdo se realiza entre sus miembros. En la investidura del templo, todos los convenios se efectúan entre la persona y Dios. En la francmasonería, los periodos de prueba, la graduación, las sanciones y las sentencias se deciden en consonancia con las reglas de la fraternidad o mediante el voto de sus miembros. En la investidura, Dios es el único juez. El rango y los ascensos tienen mucha importancia en la francmasonería, mientras que en los ritos del templo no hay distinciones: todos los participantes son iguales ante Dios. La batalla entre el bien y el mal, incluido el papel de Satanás, son esenciales para la investidura y tienen una representación gráfica en ella; sin embargo, su ausencia es notable en los ritos masónicos. Las ceremonias del templo resaltan la salvación de los muertos mediante el carácter vicario de sus ordenanzas, como el bautismo por los muertos, mientras que el ritual masónico está exento de representantes que obren a favor de las personas que han fallecido. La mujer participa en todos los aspectos de los ritos del templo, y si bien la francmasonería cuenta con participación femenina, su ritual prescinde de ella. La inclusión de la mujer en la investidura subraya si cabe la diferencia más explícita entre ambos ritos: el ritual del templo une a marido y mujer, así como a su descendencia, en familias eternas. El sellamiento del templo estaría completamente fuera de lugar en el contexto de las ceremonias masónicas.

Por ello, los Santos de los Últimos Días consideran que las ordenanzas de sus templos son fundamentalmente diferentes de los ritos masónicos y consideran que las semejanzas entre ambas ceremonias son los vestigios de un antiquísimo original.

KENNETH W. GODFREY Historiador, escritor y columnista SUD

Bibliografía

IVINS, Anthony W. The Relationship of “Mormonism” and Freemasonry. Salt Lake City, 1934.

MADSEN, Truman G., ed. The Temple in Antiquity. Provo, Utah, 1984.

NIBLEY, Hugh W. The Message of the Joseph Smith Papyri: An Egyptian Endowment. Salt Lake City, 1975.

PACKER, Boyd K. The Holy Temple. Salt Lake City, 1980.

SHEPHERD, Silas H.; Lionel Vibert; and Roscoe Pound, eds. Little Masonic Library, 5 vols. Richmond, Va., 1977, esp. Mervin B. Hogan, “Mormonism and Freemasonry: The Illinois Episode,” Vol. 2, pp. 267-326.

Puede ver aquí el original en ingles: http://ldsfaq.byu.edu/emmain.asp?number=86

Los Primeros Grados Simbolicos de la Masoneria

La misión principal de la masonería es enseñar la ley de evolución. No es posible hallar una verdadera interpretación de la masonería si no se relaciona su sistema, estrechamente con el proceso evolutivo de la humanidad.

Ninguno de nosotros es un producto acabado. Estamos siempre en proceso de creación o evolución. La historia del hombre ha sido la historia de la búsqueda y del descubrimiento del sendero evolutivo dentro de sí. En todos los tiempos éste ha hollado el sendero, aceptando sus condiciones, soportando sus disciplinas, ha recibido sus salarios y alcanzado sus metas. La existencia de ese camino cuenta con el testimonio de todos los que lo han recorrido conscientemente. Es el sendero hacia la realidad suprema que, en masonería, está representada por el oriente simbólico.

La masonería muestra, simbólicamente, el drama de la evolución humana, también los pasos mediante los cuales se llega a la meta de perfección, la manifestación que tiene el ser supremo en nosotros. Muestra el objetivo de realización del individuo; enseña el camino del crecimiento espiritual y las leyes a que obedece este crecimiento. Este drama evolutivo, tenemos que recorrerlo palmo a palmo; el progreso depende de nosotros.

A diferencia de todos los otros seres en el mundo material, el hombre es el único que tiene la capacidad para tomar su evolución en sus propias manos. De ahí su posibilidad de autorrealización. El puede acelerarla o retardarla. Pero sea cual fuere su duración, tiene que pasar, indefectiblemente, por las tres etapas del proceso natural de la síntesis que caracteriza el proceso evolutivo: 1) la siembra de la semilla, 2) su germinación y crecimiento, y finalmente, 3) su fructificación como resultado de la fusión o unión de dos polaridades. Los límites fijan los principios básicos de estos tres grados evolutivos.

Tratándose de una evolución en conciencia, este proceso va encaminado a la adquisición del elemento más valioso y más importante para el hombre y para la masonería: ¡LA LUZ! Aquello que se conoce como la luz de la conciencia, o del conocimiento, es una síntesis emergente de las experiencias vividas.

Tratándose de cualquier tipo de evolución, es indispensable la existencia de grados sucesivos de realización, que se correspondan con las mismas tres etapas del proceso evolutivo de la luz de las ideas que viene del razonamiento; a saber: 1) el análisis, 2) la correlación y 3) la deducción o la síntesis. Esta evolución en conciencia comprende, al mismo tiempo, un proceso gradual de integración hasta llegar a la unión con todo.

Efectivamente, en lo que concierne al desarrollo de la luz de la conciencia en los seres humanos, éste consiste en tres etapas, comprendidos en el sistema masónico por sus tres grados simbólicos: APRENDIZ, COMPAÑERO Y MAESTRO.

EL PRIMER GRADO SIMBÓLICO – EL APRENDIZ MASÓN

El primer grado, el de aprendiz, comprende esa etapa de desarrollo de lo que se denomina en psicología conciencia individual. En esta etapa se lleva la integración de la personalidad o el ser inferior. Está bajo la dirección del segundo vigilante, que representa la personalidad. Esta integración tiene por finalidad hacer que la personalidad se vuelva un instrumento equilibrado, coordinado y armónico, de manera que pueda sintonizar y expresar con fidelidad a ese Ser Superior que hay en nosotros.

Esta integración exige disciplina, ejercitar, desarrollar y controlar los tres aspectos (físico, emocional y metal) de nuestra personalidad para lograr un domino completo sobre ellos, de manera que ninguno de los tres predomine, haciéndonos perder el equilibrio.

De ahí que la disciplina sea la principal característica de este grado. Esta etapa evolutiva corresponde, por analogía, a la del análisis de tendencias opuestas y luchas dentro de sí, para coordinarlas e integrarlas gradualmente en un todo armónico que permita la captación y transmisión de la luz superior en nosotros, sin distorsionarla.

Durante esta etapa, la enseñanza de la doctrina masónica se encuentra regida básicamente por símbolos, signos, tocamientos, alegorías y  metáforas, que es menester sean correctamente interpretados por el Aprendiz, a fin de eliminar de su carácter las imperfecciones adquiridas en el mundo profano y así, poder vencer el influjo nocivo de las pasiones y los vicios, rompiendo para siempre las cadenas esclavistas de la superstición, la ignorancia, el fanatismo, la intolerancia, la envidia, la hipocresía y la ambición.

Cada uno de nosotros ha de ser en la vida primero y fundamentalmente aprendiz; aquél que deje de serlo creyendo saberlo todo, mantiene una venda de ignorancia que le cubre los ojos. Es necesario aprender a cada paso y lo más importante poner en práctica lo aprendido. Sobre esta base de constante aprendizaje se estructura la Masonería, forjando firmemente la actitud y el carácter de sus adeptos, con la constante enseñanza momento a momento. Por las anteriores consideraciones, podemos afirmar que el Grado de Aprendiz, está destinado a ser el pilar firme y seguro del progreso masónico, ya que contiene los conocimientos más útiles, para dominar las pasiones y apartarnos de los vicios, logrando así consolidar nuestra superación personal.

El grado de aprendiz tiene por objeto sembrar la duda filosófica en el espíritu del Iniciado, acerca de todas las materias que no ha analizando por sí mismo; la diferencia que existe entre el bien y el mal, la virtud y el vicio, así como la necesidad de su constante depuración para que se esfuerce en salir de la esclavitud en que vive y reconquiste su propia dignidad, estudiando incesantemente lo relativo a sus responsabilidades con respecto a Dios, a sus semejantes y a sí mismo, impulsándolo además a desentrañar la verdad, libre de preocupaciones.

Debemos recordar que la base de la Masonería la constituye el Primer Grado, por lo que quién no esté debidamente preparado, instruido y capacitado para interpretar la magnitud de su contenido, carecerá siempre de los conocimientos y la solidez requerida, para entender los misterios que rodean a nuestra Orden.

El Aprendiz, si se ha mostrado dócil a los consejos, celoso en el trabajo y deseoso de instruirse, es guiado hacia el lugar que ocupan los compañeros, por la mano del maestro.

EL SEGUNDO GRADO SIMBÓLICO – EL COMPAÑERO MASÓN

Después de la etapa inicial de los estudios, se llega al siguiente grado donde se amplían los conocimientos, siempre con la tendencia de forjar al hombre virtuoso, alejado de las mezquindades humanas, interesado en incrementar los factores de unidad, dignidad y solidaridad humanas. Es una etapa de esfuerzo en la que se vencen los obstáculos y se estudia para superar el trabajo de la construcción del templo interior. El Compañero Masón es un constructor de habilidades, un forjador de voluntades, un estudioso de las causas de todas las cosas; se entrega al estudio de las ciencias para descubrir o verificar la verdad, pugnando por que la educación en general, tenga un profundo sentido de formación social y moral.

El segundo grado, comprende la etapa de correlación. El nombre mismo del grado sugiere compañerismo o correlación. En este grado de desarrollo se trasciende la conciencia individual separatista del primer grado y se desarrolla la conciencia grupal integrando la personalidad con la de los demás hermanos de logia y de otras logias, lo que equivale a una expansión de la conciencia.

Al hermano que tiene los merecimientos para ser admitido en la Segunda Cámara de una Logia, se le concede aumento de salario y así se le denomina también a la ceremonia de su recepción.

Los Instrumentos de Trabajo que maneja el Compañero para formar la Piedra Cúbica de Punta son las reglas de geometría y la escuadra. Esta última es el emblema de la igualdad que ha de reinar en todos los hombres. El cincel representa la constancia en la perfección. El compás es el símbolo de la regularidad de la conducta. La palanca es alegórica del poder de la razón para dominar las pasiones. El martillo es emblemático de la sumisión de la fuerza bruta a la inteligencia. Y la regla recuerda al Compañero que debe proceder de tal manera que sus acciones sean tomadas por norma general.

 La Estrella Flamígera es de cinco puntas y tiene una “G” en el centro. Este astro místico de la razón ilumina al Compañero, ayudándole con su luz inextinguible a disipar las tinieblas de la ignorancia. También simboliza el conocimiento del hombre, hacía donde se dirigen los estudios en el Segundo Grado.

El Grado de Compañero simboliza el estudio del hombre y la manera de educarle para que conozca sus deberes y derechos, para que sepa emplear todos los recursos de que le dotó la naturaleza, ser libre de la esclavitud de los instintos y vivir por la inteligencia; de aquí el nombre de iniciación perfecta que le daban los antiguos iniciados. La finalidad de este grado es darle a conocer al Compañero, todas y cada una de las facultades que concedió al hombre el Gran Arquitecto del Universo y el modo de utilizarlas, desarrollarlas y perfeccionarlas, tanto física como intelectualmente. El compañero, pasa de la práctica a la teoría para dirigir y vigilar a los Aprendices y auxiliar a los Maestros, porque un Compañero hábil será sin duda alguna, un excelente Maestro Masón.

 EL TERCER GRADO SIMBÓLICO – EL MAESTRO MASÓN

El tercer grado, el de maestro, corresponde a la etapa de la deducción o la síntesis y resume los grados anteriores. Está bajo la dirección del Venerable Maestro, que representa el Espíritu o Ser Supremo en nosotros. En esta etapa evolutiva uno se integra con el Todo y adquiere una conciencia universal, la cual está en correspondencia con el carácter universal de la masonería.

Este proceso de integración como se ve, conduce a esferas cada vez más amplias de luz y comprensión, acercando al hombre, gradualmente, a la liberación de las limitaciones que son propias de la oscuridad en que vive; liberación que, para el mundo material, equivale a la muerte, pero que, para el mundo interno del espíritu es la vida.

El Grado de Maestro exhibe a un hombre capacitado para hacer bien las cosas, para errar menos en su trabajo, por lo que deberá poseer un caudal cultural suficiente para enfrentarse a los problemas de la vida, con tanto interés por los propios como por los ajenos. La simbólica piedra bruta debe estar ya labrada con eficiencia y constancia, fundada en la calidad humana y en la filosofía del bien para todos.

La palabra Maestro que deviene del latín MAGISTER. Se conoce con este nombre al que enseña una ciencia, arte, oficio y especialmente las primeras letras; además, al que es perito en una materia. Se llama efectivamente Maestro a aquel que es Magis, o sea más sabio y justo. También es el título que se da al Tercer Grado en el simbolismo de casi todos los Ritos conocidos, en el que prepara al Masón con conocimientos especiales para entrar en la verdadera misión filosófica y progresiva de la Orden.

Los trabajos de la Cámara del Medio tienen por objeto demostrar al Maestro Masón, que la vida y la muerte como principio y fin de cuanto existe, son el producto de la generación. Que la inteligencia constituye y distingue al hombre y que para conservar su integridad, deberá resistir siempre, en cualquier circunstancia y con todas sus fuerzas, los ataques de los enemigos del progreso: la ignorancia, la hipocresía y la ambición.

La primera y más importante labor del Maestro es la de enseñar al ignorante, abatir al ambicioso y desenmascarar al hipócrita. De este trabajo depende la conservación de la Orden y la garantía del secreto en la sublime Cámara de Medio. El Maestro Masón debe ilustrar su entendimiento y dirigir sus pasiones hacia el bien general; vigilar las acciones y pensamientos propios, socorrer a sus hermanos y proporcionarles materiales para el trabajo, con el fin de perfeccionar el Templo del cual es a la vez arquitecto, material y obrero, porque “el Templo es el hombre, y trabajar en la perfección del mismo es trabajar en el mejoramiento de sus costumbres y en el perfeccionamiento de su ser”.

Por último, el Maestro Masón debe concurrir con su trabajo e instrucción al desarrollo de su Logia, y de la Institución en general, desempeñando con el mayor celo, lealtad y acierto los cargos para los que se haya elegido y los servicios que se le confieran. “No olvidando jamás que en la Cámara del medio, la plancha de trazar está dispuesta para toda clase de construcciones”.

CONCLUSIONES

Hemos visto, que la iniciación masónica conlleva tres fases sucesivas, tres grados, los cuales representan precisamente estas tres fases. Los tres grados simbólicos describen, en su conjunto, el ciclo completo de la iniciación. De hecho, sin embargo, siendo que la iniciación masónica es simbólica, los masones que ella forma no son más que el símbolo de los verdaderos masones, puesto que allí se indica simplemente el programa de las operaciones que aquéllos deberán realizar para alcanzar la iniciación efectiva.

Este proceso de evolución, lleva gradualmente al reconocimiento de la realidad de nuestra divinidad, y tiende a facilitar la manifestación del Dios inmanente en cada ser, acondicionando la personalidad, que es su instrumento de expresión. Las tres etapas de este proceso son similares a las que condujeron a la trinidad de manifestación del Ser Supremo; unidad, dualidad y nuevamente unidad, lo cual es otra expresión del proceso de la síntesis. Siendo todo un reflejo de la trinidad, que de alguna manera debe manifestarse en todo proceso que se lleva a cabo en el universo.

El método para llegar al objetivo de integración que marca cada grado, en lo que respecta al sistema masónico, representan las tres etapas de la evolución humana y constituye una característica de todos los tiempos para todos los hombres en todas partes. Se hallan confirmadas por los conocimientos esotéricos de todas las épocas. En la masonería estos tres grados son solo simbólicos. Hay muchos masones que ostentan el tercer grado, el de maestro y que apenas están en los primeros peldaños del grado de aprendiz en la escala evolutiva. Hay, así mismo, aprendices que, en realidad, son maestros. En el verdadero sentido de la palabra.

Bienaventurados los hombres de virtud y paciencia, que limitan su ambición a la practica de la moral. Gloria y prosperidad a los que, propagando esta moral conservadora de la especie humana, elevan su espíritu al Supremo Hacedor, implorando gracia para el hombre virtuoso y perdón para el delincuente arrepentido.

 

Ernesto Márquez, MMValle de Caracas, 13 de febrero de 2006 (e∴v∴)

La Acacia

La acacia es un árbol espinoso, de la familia de las leguminosas-mimosas (Acacia Dealbata).

En la Antigüedad era considerada un símbolo solar, puesto que sus hojas se abren con la luz del sol del  amanecer, y se cierran al ocaso; su flor imita el disco del sol.

Hubo, además, otros árboles por los que también se sintieron vinculaciones especiales: el muérdago (entre los druidas celtas), el ramo o las palmas (en el Cristianismo), el sauce (en el taoísmo). En la cultura hebrea, la acacia (shittah) ya se menciona en el Antiguo Testamento, con Moisés: se utilizaba para la construcción de los elementos más sagrados (Arca, Mesa, Altar), debido a sus características de perpetuidad. También tres de los cuatros evangelistas la mencionan: Mateo, Marcos y Juan, relacionándola a la “coronación de Jesús”.

 

En la antigua Numidia (Norte de Africa) su nombre era Houza (de la que se cree que procede la palabra “Huzé”). También es llamada Hoshea, palabra sagrada usada en un capítulo del REAA.

Los egipcios también la tenían como planta sagrada; es de la que habla la leyenda de Osiris. La acacia mimosa -cuyas flores parecen pequeñas bolas de oro- está dedicada a Hermes-Mercurio; sus ramos floridos recuerdan la célebre “Rama Dorada” de los  antiguos misterios.

 

Entre los rosacruces, así como en algunos ritos masónicos ya desaparecidos, se enseñaba que la acacia había sido la madera utilizada en la confección de la cruz, donde Jesús fue ejecutado. La acacia es la planta símbolo por excelencia de la Masonería. Representa la seguridad, la claridad, y también la inocencia o pureza; es símbolo de la verdadera Iniciación para una nueva vida, la resurrección para una vida futura. Su verdor perenne y la dureza incorruptible de su madera expresan, en efecto, la idea de la vida inextinguible que permanentemente renace victoriosa de la muerte.

 

La leyenda de Hiram Abif, -la del Tercer Grado- nos cuenta que, al caer la noche, lo condujeron hacia el monte Moriá, donde lo enterraron en una sepultura que habían cavado y señalado con un ramo de acacia. Cuando, extenuados, los exploradores enviados por el rey Salomón llegaron al punto de encuentro, sus semblantes  desencajados sólo expresaban la inutilidad de sus esfuerzos. Cayendo literalmente fatigado un Maestro intentó asirse a un ramo de acacia comprobando, para su sorpresa, que el ramo se soltó de su mano, pues había sido enterrado en la tierra hacía poco tiempo removida. Ese ramo de acacia creó vida propia, creció y se transformó en el mayor símbolo del Grado de Maestro Masón.

 

En otra versión, los Maestros Masones que habían ido en busca de Hiram Abif encontraron un montículo de tierra, recientemente removida, que parecía cubrir un  cadáver; plantaron allí un ramo de acacia para reconocer el lugar. Y en una tercera  versión la acacia habría brotado del cuerpo del Maestro muerto, anunciando la  resurrección de Hiram.

La acacia simboliza el conocimiento de los secretos de los “verdaderos maestros masones”, de ahí que se la identifique con la posesión efectiva de la maestría, como bien

se dice en el Rito Escocés Antiguo y Aceptado.  Muchos investigadores sobre francmasonería se han interesado por el significado simbólico de la acacia.